La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) redujo su proyección de crecimiento para la economía uruguaya en 2026 a 1,5 por ciento, una décima menos que la estimación previa y muy por debajo del 2,5 por ciento que el propio organismo proyectaba en agosto del año pasado. La cifra ubica a Uruguay entre las economías de menor dinamismo de Sudamérica, apenas por encima de Bolivia (0,5 por ciento) y lejos del 3,3 por ciento previsto para Argentina, el 2,2 por ciento de Brasil, el 2,6 por ciento de Colombia o el 4,3 por ciento de Paraguay. El promedio de crecimiento estimado para toda América Latina y el Caribe en 2026 es de 2,2 por ciento, lo que deja a la economía uruguaya siete décimas por debajo de la media regional.
El secretario ejecutivo de la CEPAL, José Manuel Salazar, enmarcó el dato en una tendencia de más largo plazo que atraviesa a toda la región: «Cinco años consecutivos con la región creciendo en torno al 2,3 por ciento. Es insuficiente para salir de la trayectoria de bajo crecimiento de más de una década», señaló, en referencia a un estancamiento relativo que, según el organismo, impide una mejora sostenida del ingreso per cápita en América Latina.
Entre los factores que explican el ajuste a la baja para Uruguay, la CEPAL mencionó un menor crecimiento de la economía mundial, una elevada incertidumbre geopolítica y financiera —vinculada en parte a los conflictos en curso en Medio Oriente y su impacto sobre el precio del petróleo—, la suba de los costos de los alimentos y la desaceleración de economías como la de China y la eurozona, todos factores que golpean con particular intensidad a una economía pequeña y fuertemente dependiente del comercio exterior como la uruguaya. A esto se suma, según el informe, una elevada informalidad laboral que actúa como freno estructural al crecimiento, junto con una creación de empleo moderada que ya acumula tres años consecutivos de desaceleración.
No todos los indicadores del informe son negativos: la CEPAL destacó que Uruguay logró reducir la informalidad laboral en 12 puntos porcentuales entre 2019 y 2025, la segunda mayor caída de la región después de Costa Rica (19,5 puntos), lo que implica una ampliación real de la cantidad de trabajadores con cobertura de seguridad social. Se trata de un dato relevante en un contexto regional donde la precarización laboral sigue siendo uno de los principales obstáculos para una recuperación económica que además distribuya sus beneficios de manera más equitativa.
Las proyecciones oficiales uruguayas se ubican, de todos modos, algo por encima de la de la CEPAL: el Ministerio de Economía y Finanzas había estimado un crecimiento de 1,6 por ciento para este año en su propuesta presupuestal de mayo, mientras que el consenso de analistas relevado por el Banco Central del Uruguay es más pesimista, con una proyección de apenas 1,2 por ciento. Para 2027, la CEPAL anticipa una recuperación hacia el 2,2 por ciento, aunque condicionada a la evolución del contexto internacional.
Desde la perspectiva de Utopía al Sur, el freno del crecimiento uruguayo confirma un patrón regional de estancamiento relativo que castiga de manera desigual a los distintos sectores sociales: mientras la reducción de la informalidad laboral representa un avance real para buena parte de los trabajadores, un crecimiento económico por debajo del promedio regional y sostenido en el tiempo limita la capacidad del Estado para financiar políticas sociales, mejorar salarios reales y sostener la inversión pública, en un escenario internacional cada vez más adverso para las economías pequeñas y abiertas como la uruguaya.
Fuentes consultadas: Ámbito Financiero; La Mañana.

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