Miles de personas provenientes de comunidades campesinas e indígenas de los departamentos de San Pedro, Caaguazú y Central marcharon el 19 de agosto desde la Plaza de Armas de Asunción hasta las inmediaciones de Mburuvicha Róga, la residencia presidencial, para exigirle al gobierno de Santiago Peña la ejecución total del presupuesto 2026 destinado al Fondo Nacional de la Vivienda Social (Fonavis). Según los propios organizadores, hasta ese momento solo se había ejecutado el 20,7 por ciento de los fondos disponibles —unos 17 millones de dólares de un total de 86 millones—, una cifra que las organizaciones consideran insuficiente frente a un déficit habitacional que golpea de manera particular a las familias rurales e indígenas del país.
La movilización, liderada por el dirigente Pulciano Sánchez junto a referentes como Alejandro Colmán, incluyó además reclamos por la regularización de tierras campesinas —entre ellas 3.600 hectáreas en la localidad de Lima, departamento de San Pedro—, por avances en una reforma agraria pendiente desde hace décadas y por la generación de empleo en el sector de la construcción vinculado a los proyectos de vivienda social. Los manifestantes bloquearon durante horas la avenida Mariscal López, a metros de la embajada de Estados Unidos, y continuaron las protestas por la tarde ante lo que definieron como una falta de respuestas concretas por parte de las autoridades nacionales.
La marcha del 19 de agosto se produjo apenas cuatro días después de otra protesta multisectorial, realizada el 15 de agosto, que reunió a la Federación Nacional Campesina (FNC), la Corriente Clasista y Combativa (CCC), la Organización de Trabajadores de la Educación del Paraguay (OTEP), el Sindicato Auténtico de Defensa del Instituto de Previsión Social (IPS) y dirigentes del izquierdista Partido Paraguay Pyahurã. Esa movilización, con la consigna «Paraguay duele», denunció el incumplimiento de las promesas de mejora en la calidad de vida tras casi tres años de gobierno de Peña, con reclamos centrados en la crisis del Instituto de Previsión Social y en las carencias del sistema educativo público. Cuando la policía interrumpió el avance de la marcha hacia la residencia presidencial, los manifestantes respondieron con un cacerolazo en pleno centro de Asunción.
Ambas movilizaciones, ocurridas con apenas días de diferencia, configuran un cuadro de creciente malestar social que contrasta con el discurso oficial del gobierno paraguayo, que en julio había definido a 2026 como el «mejor momento económico» de la historia del país. Esa narrativa de prosperidad es justamente uno de los principales blancos de las críticas de las organizaciones sociales, que denuncian una desconexión entre los indicadores macroeconómicos que exhibe el gobierno y las condiciones de vida concretas de buena parte de la población rural, indígena y trabajadora paraguaya.
El trasfondo estructural de estos reclamos remite a uno de los patrones de desigualdad más persistentes de Paraguay: según el Censo Agropecuario, más de las tres cuartas partes de la tierra productiva del país está concentrada en fincas de gran extensión que representan apenas una fracción mínima del total de propiedades rurales, mientras la enorme mayoría de las unidades productivas son pequeñas parcelas con una porción ínfima de la superficie total. Esa concentración de la tierra explica en buena medida la persistencia de organizaciones como la Comisión Sin Tierra del Norte y la FNC, que desde hace años reclaman el acceso a tierras para las cerca de 300.000 familias campesinas paraguayas que, según sus propios cálculos, no poseen tierra propia.
Desde la perspectiva de Utopía al Sur, la sucesión de movilizaciones campesinas, indígenas, sindicales y educativas en tan pocos días confirma que el «mejor momento económico» que reivindica el gobierno paraguayo convive con demandas sociales estructurales que la actual gestión no ha logrado resolver, y que la histórica concentración de la tierra sigue siendo, más de tres décadas después del fin de la dictadura stronista, uno de los principales nudos de la desigualdad paraguaya.
Fuentes consultadas: Última Hora; Resumen Latinoamericano.

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