El ejército de Sudán (SAF, por su sigla en inglés) realizó el jueves 27 de agosto ataques aéreos y con drones contra un convoy que había cruzado más de 100 kilómetros hacia el interior de la región chadiana de Ennedi-Est, según confirmaron autoridades militares de Chad, que pusieron a sus fuerzas en estado de alerta elevada. El episodio motivó una comunicación directa entre el enviado especial de Estados Unidos para África, Massad Boulos, y el presidente chadiano, en la que Washington expresó su «profunda preocupación» por el riesgo de que la guerra sudanesa se derrame más allá de las fronteras del país. «Discutimos el reciente ataque aéreo de las SAF sobre Chad y subrayamos nuestra profunda preocupación por que la guerra en Sudán se derrame a través de sus fronteras», señaló Boulos.
Chad, que se convirtió en uno de los principales destinos de la población refugiada sudanesa desde el inicio de la guerra, se reservó el derecho de defender su integridad territorial y negó formar parte del conflicto entre el ejército sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), la fuerza paramilitar con la que el SAF combate desde abril de 2023. La Unión Africana, por su parte, llamó a todas las partes involucradas a ejercer moderación para evitar una expansión del conflicto más allá de las fronteras sudanesas, en momentos en que la guerra ya lleva más de tres años y medio sin resolución a la vista.
Tres días antes del ataque sobre territorio chadiano, el 24 de agosto, funcionarios de la ONU advirtieron ante el Consejo de Seguridad que el sufrimiento de la población sudanesa «continúa creciendo» en lo que describieron como la peor crisis humanitaria del mundo, caracterizada por «asesinatos en masa brutales, secuestros y violación». Según los datos presentados ante el Consejo, 8,6 millones de personas han sido desplazadas por la violencia desde el inicio de la guerra, más de 19,5 millones de personas —sobre una población total de 51 millones— atraviesan una situación de inseguridad alimentaria aguda, y al menos 200.000 personas fueron desplazadas solo desde fines de 2025. A esa emergencia se suman las inundaciones estacionales que golpean distintas regiones del país, agravando aún más una crisis humanitaria que ya se encontraba en niveles extremos.
La guerra civil sudanesa, que enfrenta al ejército regular con la RSF desde abril de 2023, ha dejado decenas de miles de muertos y desplazado a millones de personas dentro y fuera de las fronteras del país, en un conflicto que combina disputas de poder entre cúpulas militares con dinámicas étnicas y regionales de larga data, particularmente intensas en la región de Darfur, escenario de sucesivas masacres documentadas por organizaciones de derechos humanos durante el último año y medio de guerra.
Para Utopía al Sur, la posibilidad de que el conflicto sudanés se extienda hacia Chad expone una vez más los límites de una respuesta internacional que, pese a las repetidas advertencias de organismos humanitarios sobre la magnitud de la catástrofe, no ha logrado imponer un cese de hostilidades ni frenar el flujo de armas hacia las partes en conflicto. Una guerra que ya produce la mayor crisis de desplazamiento y hambre del mundo sigue recibiendo, en comparación, una fracción mínima de la atención mediática y diplomática que reciben otros conflictos contemporáneos.
Fuentes consultadas: The National; UN News; MadaMasr.

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