Uruguay se consolidó en los últimos meses como un eslabón cada vez más relevante en la cadena de exportación del petróleo no convencional que Argentina extrae de Vaca Muerta, a partir de un acuerdo que combina la infraestructura portuaria de ANCAP con la terminal argentina de Rosa Negra, en Coronel Rosales. La Terminal del Este de ANCAP inauguró una nueva boya de amarre de punto único (SPM, por su sigla en inglés), un dispositivo que permite realizar operaciones de carga y descarga con buques de gran calado sin necesidad de atracar en un muelle convencional, lo que agiliza sensiblemente el movimiento de crudo entre ambos países.
Según datos difundidos en las últimas semanas, las importaciones uruguayas de crudo argentino se cuadruplicaron entre 2023 y 2025: pasaron de 62.800 toneladas a 240.000 toneladas en apenas dos años. Del lado argentino, la operación se apoya en la terminal Rosa Negra, inaugurada en 2025 con una inversión de 600 millones de dólares y operada por la empresa Otamerica, que despacha entre 20 y 25 buques por mes y concentra aproximadamente el 70 por ciento de la producción petrolera no convencional del país vecino. Buques de gran porte, como el SFL Tigris y el Brugge, forman parte de la flota que traslada el crudo entre ambas terminales.
Para Uruguay, un país que depende en un ciento por ciento de la importación de petróleo crudo para abastecer su refinería de La Teja, el acuerdo con la producción argentina de Vaca Muerta ofrece una fuente de abastecimiento regional más estable y con costos de flete y de cobro más ágiles que los que implican los proveedores de ultramar, tradicionalmente utilizados por ANCAP. Esa lógica explica el interés del ente estatal uruguayo en profundizar la infraestructura de recepción de crudo argentino, en momentos en que la propia Argentina busca multiplicar sus canales de exportación de la producción de Vaca Muerta, una de las principales apuestas económicas del gobierno de Javier Milei.
El fortalecimiento de este vínculo energético bilateral se produce, sin embargo, en un contexto en el que Uruguay mantiene en paralelo su propio proceso de exploración de hidrocarburos costa afuera, con varias petroleras internacionales —entre ellas Shell, Chevron, QatarEnergy, YPF y APA Corporation— operando bloques en el Atlántico, aunque con la perforación del primer pozo exploratorio nacional postergada, según las últimas proyecciones, hasta 2027. Mientras esa incógnita sobre el eventual hallazgo de petróleo propio sigue abierta, la vía de abastecimiento a través de Vaca Muerta consolida en el corto plazo una dependencia energética que corre en paralelo a la estrategia oficial de expansión de las energías renovables.
Desde la mirada de Utopía al Sur, el fortalecimiento de esta ruta de importación de crudo argentino confirma que la matriz energética uruguaya sigue profundamente atada a los hidrocarburos fósiles pese al perfil renovable que el país suele proyectar internacionalmente, y plantea preguntas pendientes sobre el ritmo real de la transición energética y sobre el papel que Uruguay elige jugar como plataforma logística de una industria extractiva —el fracking de Vaca Muerta— cuyos impactos ambientales y sobre las comunidades del sur argentino continúan siendo objeto de fuerte cuestionamiento por parte de organizaciones ambientalistas y sociales de la región.
Fuentes consultadas: Runrún Energético; El Observador.

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