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Pese al alto el fuego, Israel mató a tres palestinos en Gaza en un solo día

Diez meses después de entrar en vigencia el acuerdo mediado por Estados Unidos, el cese el fuego en Gaza sigue siendo violado de forma sistemática. El organismo internacional que supervisa su cumplimiento reclamó a Israel que limite su acción militar y a Hamás que frene los lanzamientos de cometas hacia territorio israelí.

Tres palestinos murieron el jueves 27 de agosto en distintos ataques israelíes en la Franja de Gaza: uno en un bombardeo contra una carpa de personas desplazadas al oeste de Gaza City, otro en un ataque con dron en la zona de Al Mawasi, en Khan Younis, y un tercero en un ataque dirigido cerca de la intersección de Al Sinaa, según informó la cadena Al Jazeera. Los hechos volvieron a poner en evidencia que el alto el fuego vigente en la Franja, en vigor desde octubre de 2025 tras la mediación de Estados Unidos, está lejos de significar el fin de la violencia sobre la población civil palestina.

Según cifras recopiladas por organismos humanitarios y retomadas por Al Jazeera, desde la entrada en vigencia del acuerdo Israel mató a más de 1.300 personas palestinas e hirió a otras 4.000, en ataques que las autoridades israelíes suelen justificar como respuestas a amenazas puntuales. El comienzo del acuerdo no significó, en los hechos, una interrupción real de las hostilidades, sino más bien una reconfiguración de su intensidad. Desde octubre de 2023, el total acumulado de víctimas palestinas por la ofensiva israelí supera las 73.400 personas muertas y 174.400 heridas, de acuerdo con las autoridades sanitarias de Gaza.

El organismo internacional creado para supervisar el cumplimiento del acuerdo, denominado Board of Peace (Junta de Paz) y encabezado por el diplomático búlgaro Nickolay Mladenov, exigió el 25 de agosto —a través de mediadores de Egipto, Qatar y Turquía— que Israel ajuste su conducta militar a los términos pactados, señalando que «la acción militar no puede extenderse más allá de responder a amenazas genuinas e inminentes». En el mismo comunicado, el organismo le reclamó a Hamás que detenga «todos los lanzamientos de cometas y toda otra actividad dirigida a Israel», en referencia a una práctica que en las últimas semanas derivó en un episodio de tensión adicional: el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, amenazó con evacuar por la fuerza a la población de cualquier barrio de Gaza desde donde se lancen cometas o globos hacia territorio israelí, mientras el primer ministro Benjamin Netanyahu advirtió que, de no cesar los lanzamientos, «la IDF intensificará las operaciones contra los responsables».

La amenaza tuvo un efecto inmediato y de otro signo dentro de Gaza: distintos comités locales, coordinados con Hamás, comenzaron a advertir a las familias que eviten que los niños vuelen cometas, ante el riesgo de que eso derive en represalias israelíes sobre barrios enteros. La escena resume una dinámica que se repite desde el inicio del acuerdo: una población civil que además de la destrucción y el desplazamiento acumulados durante casi dos años de guerra, debe además adaptar su vida cotidiana —incluidas las actividades más elementales de la infancia— a la lógica de una tregua que en la práctica sigue sin garantizar su seguridad.

Para Utopía al Sur, la persistencia de ataques letales bajo un acuerdo formalmente vigente, y el hecho de que un organismo internacional deba reclamarle por igual a ambas partes sin lograr torcer la conducta israelí sobre el terreno, confirma un patrón ya observado en negociaciones anteriores del conflicto: los altos el fuego declarados no alcanzan, por sí solos, para modificar una relación de fuerzas profundamente asimétrica entre un Estado con capacidad militar sostenida y una población bajo ocupación y bloqueo que continúa pagando el costo humano más alto del conflicto.

Fuentes consultadas: Al Jazeera; The Jerusalem Post; Washington Post.